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VISION
FUTURA DE NUESTRA ACTIVIDAD PARA EL AÑO 2010.
(*)
Lionel A. Gioda
La
futurología tuvo su auge hace unas tres décadas.
En la onda, una famosa revista de entonces, "Primera
Plana", produjo una original nota de investigación.
Partía de los pronósticos publicados
a comienzos de siglo (veinte) por otra famosa revista
(¿Caras y Caretas, acaso?) acerca de cómo
se imaginaba el mundo de medio siglo más tarde.
La sorpresa era que la realidad se quedaba muy corta
frente a la imaginación. Por ejemplo, se ilusionaban
los porteños del centenario (1910) con una
ciudad que superaría al automóvil: la
gente sencillamente se movilizaría por cintas
transportadoras de uso público en las calles.
Y frente al incipiente aeroplano de los hermanos Wrigth,
se animaban a predecir que el hombre iría de
ciudad en ciudad montado en veloces y pequeños
artefactos voladores....individuales.

Todavía
hoy la imaginación vuela como esos "miniaviones"
(vale el entrecomillado porque el término es
contradictorio: avión es un ave grande). Salvo
la computación, la clonación y los piqueteros,
las creaciones humanas fueron anticipadas larga, exageradamente.
Más o menos como lo que cada quien imaginó
de niño llegaría a ser. Es decir, mucho
más. De manera que cuando Eduardo Mora nos
desafía a vaticinar el Cementerio Parque del
año 2010, obliga a ejercer la prudencia. Uno
puede tentarse en dar rienda suelta a la loca de la
casa (la fantasía, no la bruja)...¡y
estar vivo todavía dentro de ocho años
para aguantarse las cargadas de los memoriosos! Si
en un cuarto de siglo los parques casi no han cambiado
-crematorio más, crematorio menos-, ¿por
qué suponer que en unos pocos años se
llegará al parque idílico que dibujan
los folletos ("el paraíso en la tierra",
"el siempreverde en el cielo")?
No
espero que en corto tiempo aparezcan propuestas fantásticas
o impensadas, como instalar un cementerio satelital
(salvo que lo exija el gremio de los astronautas a
la NASA). Para que no me cobren los sobrevivientes
del 2010, pondré en el corralito los sueños.
Creo que, paisajísticamente, no habrá
grandes cambios; justamente porque lo valioso de nuestros
parques es eso que no se modifica: la grandiosa belleza
de lo natural. Los emprendimientos más poderosos
quizás accedan a la tímida demanda actual
de incorporar calificadas obras de arte al paisaje.
Y eso estará bueno. Operativamente, se irá
acentuando la tendencia a la habilitación de
servicios complementarios, de manera que los precursores
serán un complejo (iba a decir shopping) de
servicios funerarios, con salas velatorias, crematorio,
cinerarios, es decir nada nuevo hasta que aparezca
(supongo que en la década siguiente) un equipo
accesible de conservación de cadáveres....y
la sociedad y nuestros parques reemplacen con la onda
de frío el auge actual de la onda caliente.
Es posible que debamos absorber, por entonces, el
traslado de los obsoletos cementerios públicos
(condenados a desaparecer, según nosotros),
y consecuentemente abrir ofertas como "nichos
parque" y semejantes para los abuelos nostálgicos.
Se
popularizarán posibilidades tecnológicas
actuales de aplicación elemental y menos costosa;
por caso, aparatos de localización de parcelas
in situ, palios (sombrillas) virtuales para encuadre
de las ceremonias de inhumación, quizás
sistemas de comunicación visual e instantánea
entre familiares distantes y visitantes del parque,
equipos de protección climática de canteros
y césped, y otras por el estilo.
Crecerá
la tendencia a la masificación, a los sistemas
de comercialización prepago y a la tarjeta
propia de cada parque (¿o de Argenparques?).
Los parques se irán segmentando en zonas asignadas
a diversas instituciones. Decrecerá la tendencia
a la fundación de nuevos establecimientos aunque
diviso formas de propiedad colectiva (privada) en
sustitución del propietario único, y
parques institucionales, de gremios, colectividades;
acaso se junten varios countries vecinos para tener
un parque de sepulturas propio. Las multinacionales
se cuidarán por años más de insistir
con inversiones en aquel lejano país que tiene
una presidenta gorda.
Como seguramente me reprocharán exceso de cautela,
aquí van dos pronósticos audaces: ¡En
el 2010 estará sancionada la ley de sepulturas
y Zorraquín dejará la presidencia o
el habano, uno de dos!
(*)
Es gerente de Parque Perpetual desde su fundación,
hace más de quince años, y directivo
de CACEPRI casi sin interrupciones, además
de docente en la Universidad de Río Cuarto
(en periodismo, aunque parezca mentira).
El parque del
sur cordobés es una creación del arquitecto
Dante Berardo, también directivo de la empresa
(Río Cuarto Natura S.A.) y de la Cámara.
A cinco kilómetros al oeste de la ciudad, sobre
la ruta a Achiras, Merlo y San Luis, Perpetual se
asienta en un terreno de 16 hectáreas, la mitad
del cual dedicado a sepulturas. Unas leves colinas
suavizan la simetría de este sector y una acequia
que llega desde el río próximo atraviesa
en diagonal el terreno cuadrangular. Junto a la zona
de parcelas, el curso del agua se fragmenta para formar
una isla sobre la cual se ha emplazado la capilla,
de diseño singular. La cruz del Cristo del
Perdón pende del blanco cielorraso y se destaca
sobre el fondo de un gran vitraux.
3200 de las parcelas
están ocupadas en el total de tres de los cuatro
segmentos habilitados, que confluyen en una plazoleta
central. En una esquina de este lote aun no parcelado
se ha establecido un cinerario bajo superficie.
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