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 Ya
hemos señalado que las coníferas poseen un enorme
surtido de portes, tamaños, texturas y colores,
reflejado en las numerosas variedades disponibles
como plantas de jardines y parques. Ellas ostentan
los récords más inusitados del mundo vegetal,
tales el de mayor altura, (secuoya gigante)
el de más longevidad (secuoya longeva), o, en
el otro extremo, el de más lento crecimiento
entre plantas leñosas, que se da en una de las
variedades de ciprés falso.
En cuanto a la forma, este
grupo vegetal ofrece el más abanico. Las hay
columnares - cipreses -, cónicas - abetos y
cedros -, encopadas - pinos-, ovoides - cedro
japonés - compatas - tejo -, rasteras -enebros-,
y toda la gama que presentan las variedades
enanas. La variación en los colores o tonalidades
de follaje es también muy amplia, recogiendo
muchos matices de verde, amarillo y dorado,
azules, grises y rojizos. Entre sus diferentes
formas y texturas de hojas se dan aciculares
-agujas-, escamas, filiformes, espinosas y ondulares.
El restultado de todas estas variadas características
se traduce en una enorme diversidad que permite
un generoso número de posibilidades para su
uso en jardinería, adaptable, a cualquier tipo
y dimensión de jardin.
Los
roles de las coníferas en el jardín se puede
clasificar en tres grupos:
Aislados:
El
aspecto de estas plantas es siempre llamativo
y ejerce un poderoso atractivo sobre la mirada.
Las de gran tamaño suelen situarse en puntos
focales predominantes de jardín, sobre el ue
expenden su majestuosa influencia. En términos
generales, puede decirse que uno solo de estos
ejemplares condiciona con su presencia todo
el carácter del jardín en el que se haya plantado,
mucho más en el caso, bastante usual, de plantaciones
agrupadas de estos árboles, cuyo talante domina
y pesa con fuerza sobre el resto de la escena
jardinera. Así pues, los grandes ejemplares
están indicados para lucir como individuos aislados
en áreas predominantes del jardín o para ser
plantados en asociación con otros miembros de
este grupo botánico.
Las
coníferas enanas o de lento crecimiento suelen
plantarse asociadas, de modo que sus diferentes
cualidades, porte, extura y color, se interrelacionen
dando como resultado infinidad de combinados
que están siempre dotados de un carácter exclusivo
y personal. Las plantaciones hechas con estos
vegetales no admiten, por este acento particular,
otro tipo de arbustos o leñosas que no sean
coníferas, ya que desentonarían de un modo evidente.
Una excepción son los brezos, esas pequeñas
plantas de flores diminutas, cuya complementación
es perfectamente armónica con las variadas formas
de cipreses falsos, enebros, pinos, tuyas y
otras coníferas de lento crecimiento. El lenguaje
común expresado por la conjunción de estos tipos
de plantas ha dado lugar a un estilo de jardinería
único y original.
Rocallas
y macetas:
 Las pequeñas coníferas
de crecimiento lento admiten ser expuestos en
jardines de roca, a ser posible complementados
con brezos consiguiendo destacar entre el rugoso
aspecto de suelo gracias a sus formas contrapuestas
o bien ceñidas a estos paisajes en minitatura.
Son muchas las variedades rastreras que completan
con su colorido y forma una rocalla contrastando
con las plantas utilizadas normalmente en la
mismas.
Por
otro lado, al crecer de manera tan lenta son
ideales para plantar en tiestos y maceteros
en los que vivirán con comodidad durante largos
años, unos con sus grandes figuran verticales
o esféricas y otros con sus portes de desparramados
o péndulos.
Setos:
Como
plantas para formar cortavientos, pantallas
vegetales e incluso setos, muchas coníferas
darán un excelente rendimiento, y no solo aquéllas
de esbelta figura como cipreses falsos y verdaderos,
sino también otras muchas que crecen buscando
la verticalidad y soportan las inclemencias
climáticas; es el caso de secuoyas, ciertos
enebros, cedro japonés y hasta determinados
pinos.
 Al hablar de setos formales
no podemos excluir un clasico que compuso en
el pasado aquellos laberintos tan de modo en
el Renacimiento: el tejo, una coníferas que
se adapta a la perfección a cualquier poda,
aunque eso sí, crece con demasida parsimonia.
No lo hace así un híbrido que ha revolucionado
el concepto moderno de los setos, el ciprés
de Leyland o Leilandii, una planta dotada de
una extraordinaria velocidad de crecimiento
y también muy dócil a la tijera.
Los
cipreses son muy utilizados y permiten podas
frecuentes. Las Tuyas y entre ellas la Atrovirens
se presta ligeramente y resalta por su color
verde intenso, su vigor y su adaptación a toda
clase de suelos. En general todos los de porte
piramidal se prestan a ser utilizados para impedir
la vista de zonas no deseadas, teniendo la ventaja
frente a algunos árboles el ser las coníferas
de hoja perenne.
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 Para
conocer las distancias de plantación, en el
caso de las coníferas más que en ningún otro
y dada su gran variedad, se deberá conocer con
exactitud los tamaños que alcanzan. Así por
ejemplo, para un Chamaecyparis Elwoodii basta
un radio de unos 3 metros, en cambio un Cedro
azul exigirá como mínimo de 10 a 15 metros.
Las coníferas se encuentran
en macetas, containers, cepellón, etc., según
su tamaño. Una vez libre de la maceta en su
caso, o directamente en los otros, colocarle
en el hoyo efectuado, cubrir con tierra suelta
y apretar la tierra creando una pequeña cubeta
que facilite el riego a través del cepellón.
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