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Los árboles tienen una gran diversidad de formas
y de colores que permiten una utilización muy
variada. Los más son de hoja caduca, existiendo
otros de follaje continuado incluso en invierno
como algunas Acacias, Ficus, Magnolios, Eucaliptos,
entre otros.
Se pueden utilizar pues
como:
Setos:
A veces se quiere evitar una vista desagradable.
Los álamos por ejemplo, tienen en estos casos
dos buenas razones para su utilización: alcanzan
pronto una gran altura y su vegetación cubre
incluso las partes bajas. Si se dispone de más
espacio, se puede combinar árboles como los
Tilos o Arces con arbustos en su parte inferior.
(ver
más s/setos)
Alamedas: Si se
dispone de una amplia y larga entrada hasta
la casa, se la puede bordear por alineaciones
de árboles, buscando su forma como en el caso
de la Acacia o el Álamo, o su color, como los
Arces púrpura.
Aislados: Los árboles
que florecen como las Acacias, Cercis, o Árbol
del Amor, Júpiter, o Tamarix y también los de
porte llorón, como los Sauces, se prestan a
ser situados aislados preferentemente sobre
un pequeño montículo realzando así sus características
más singulares.
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En
la actualidad existe un gran número de útiles
para llevar a cabo la poda. Con las tijeras
de mano se realizan cortes en las ramas que
no son demasiado gruesas.
Las cizallas
se utilizan en calibres mayores, allí donde
las tijeras no abarcan el contorno que se pretende
cortar. Las sierras de arco y los serrotes están
indicados en la sección de ramas con grosor
superior a los 10 ó 12 cm.
En el mercado
han aparecido, en los últimos años, herramientas
de este tipo que realizan su trabajo con una
limpieza y acabado hasta ahora desconocidos,
y que facilitan la cicatrización de la herida,
siempre que los cortes se efectúen según las
técnicas que se explican más adelante. También
novedosas son las pértigas, potentes tijeras
situadas en el extremo de un largo mango extensible,
que se accionan por medio de una cuerda de nylon
y que permiten hacer desde el suelo intervenciones
en copas desarrolladas. Por último, las motosierras
de reducido tamaño, especiales para podar, tienen
un uso que es de gran ayuda en muchos casos,
pero también pueden llegar a ser peligrosas
para los árboles si se utilizan de manera incontrolada.
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La
poda es una práctica habitual en jardinería
y fruticultura. Pero, cuándo es necesaria, cuáles
son los objetivos a conseguir, cómo se realiza
o hasta qué punto es imprescindible, son cuestiones
que desconocen a menudo la mayoría de los aficionados.
Como el espacio de que disponemos no es muy
amplio y tanto frutales como setos son tratados
en otro lugar de manera monográfica, se explica
aquí la poda de árboles y arbustos ornamentales.
¿Es
necesaria la poda? o, lo que es lo mismo, ¿se
benefician siempre las plantas de jardín de
esa práctica? La respuesta es, clara y sencillamente,
que no. En términos generales, sólo se ha de
podar por motivos muy concretos, que en el caso
de los árboles y arbustos ornamentales responden
a razones de formación de ejemplares jóvenes,
control o contención del crecimiento, peligro
de desgarro, rejuvenecimiento y, en ocasiones
muy concretas, para seguir pautas de configuración
de siluetas opuestas al desarrollo natural de
las plantas. Además, cada vez que intervenimos
sobre un vegetal hay que tener en cuenta la
respuesta del mismo, y prever el comportamiento
que seguirá a la eliminación de alguna de sus
partes.
Los vegetales
ornamentales, y en particular los árboles, sólo
se deben podar por causas muy concretas, por
ejemplo, cuando se desea formar su estructura
básica en edades tempranas o bien a fin de contener
su crecimiento en el caso de que el espacio
disponible para la expansión de la copa sea
reducido o escaso. Una regla básica en este
grupo vegetal es realizar los cortes en las
ramas más delgadas, y, sin embargo, suele hacerse
lo contrario.
Desde luego,
es mucho más fácil y cómodo eliminar grandes
porciones de rama que ser metódicos y repasar
pequeñas ramillas y bifurcaciones, pero sólo
de esta manera se evitan respuestas desordenadas
del ejemplar, que obligarán a continuos retoques
y harán débiles y peligrosas las uniones que
crecerán a partir de esos cortes. En preciso
no alterar, en la medida de lo posible, el porte
característico de cada árbol y hay que evitar
hacer modelados "antinaturales" que tan sólo
pueden llevarse a cabo en las especies dotadas
de gran adaptabilidad hacia la poda.
En todo caso,
si por causa de peligro claro de desgaje de
una rama o cuando una de ellas creciera en una
dirección indebida -hacia una ventana, por ejemplo-,
fuera preciso podar, la técnica a seguir consiste
en descargarla de todo el peso que sea posible,
dejando un corto tocón que después se eliminará
con facilidad. Si esto no fuera posible y hubiera
que realizar el trabajo de una sola vez, es
indispensable practicar un corte en la parte
inferior y proceder luego a dar el definitivo
de arriba a abajo. De esta manera se evitan
peligrosos y antiestéticos desgarros.
Por último,
se cortará el tocón resultante para que la herida
cicatrice de forma adecuada. La manera más correcta
de realizar este corte, esencial para que el
futuro "callo" cierre por completo, y ha de
hacerse en cualquier corte de rama completa
de diámetro superior a 6-8 cm.
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Demasiado
lejos,
el tocón se pudre
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Horizontal,
queda el resto
que también se pudre
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Muy
cerca de la yema,
ésta no llega a brotar
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Corte
bien hecho que
cicatriza sin problemas
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Para la poda
de ramas de grandes dimensiones, se recomienda
seguir los pasos siguientes:
- Corte
para evitar el desgarro
- Corte
para dejar cortar la rama
- Rematado
del corte
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Pasos
para la poda grande
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