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Dylan
Thomas
 "No
entres fácilmente en la noche callada, que
la vejez debería delirar y arder al final del
día: oponte, oponte furioso a la luz que se
extingue".
Pocas
personas llegan a aceptar la muerte como un proceso
natural y normal en la vida y aquellas que lo consiguen,
probablemente tengan una vida más feliz.
La muerte es un
escalón desconocido en nuestra existencia y
sólo aquellos que hallan pasado por una experiencia
al borde de la muerte poseen conocimiento para saber
que el sentimiento que acompaña a la muerte
es confortable. Las experiencias vividas por estas
personas que, en algún momento, estuvieron
cerca de perecer coinciden en una sensación
agradable.
Unas
horas antes de iniciar este escrito vi la película
"Más allá de los sueños";
en ella, la protagonista refiere la muerte como algo
que no puede ser malo porque por algo todos vamos
a parar al mismo sitio. Es así de sencillo
pero la incertidumbre del cuándo y el cómo
por no decir el temor al qué pasará
después, hace que la mayoría de los
humanos incorpore un sentimiento de miedo al referirse
a ella.
En otra película
que vi hace ya unos días, "¿Conoces
a Joe Black?", la muerte se disfraza de guapo
galán y concede tiempo a su víctima
para terminar su vida dejando todos los cabos atados;
Cuando finalmente cree ya poder morir, le pregunta
a la muerte, ¿tengo que tener miedo? Y ella
(o él por ser varón) le contesta: "En
absoluto".
El
miedo a la muerte inhibe nuestra vida porque muchos
actos no los realizamos pensando en el peligro que
comportan. Nos volvemos débiles, catastróficos
porque no entendemos con qué medida se toma
la gran decisión de despojarnos de nuestra
vida, creyendo a menudo que no es justo. Nos pasamos
media vida invocando el perdón de un Dios o
resolviendo antiguas culpas para así disponer
de la concesión de más tiempo. Pero,
¿tiempo para qué? Para que nuestro cuerpo
agotado siga viviendo esta realidad.
Nuestro
principal problema es que todavía no hemos
asimilado la idea de que tan sólo es nuestro
caparazón el que muere, es decir, el cuerpo
o forma que adquirimos al presentarnos a los demás
mortales. Nosotros somos una mente consciente habitando
un cuerpo y por ello hemos de entender que aunque
el cuerpo se extinga con el proceso de la muerte,
la mente que lo habitaba sigue su camino en la eternidad
del Universo.
El
Bhagavad Gita (maestro espiritual santo) habla de
la vida con estas palabras:
"Así como un hombre abandona las ropas
gastadas y adquiere otras nuevas, cuando el cuerpo
está gastado el Yo que vive en su interior
adquiere otro nuevo".
La ansiedad que
sentimos a lo largo de nuestra existencia física
en torno a esa experiencia, tiene que ver con la falsa
creencia de que somos eso que vemos reflejado en un
espejo y, "eso" se lastima, se hiere, se
arruga y desaparece vitalmente.
Cada
humano tendrá una filosofía de la vida
distinta, con sus creencias y sus religiones y con
ello no pienso mostrarme sabedora de la verdad porque,
entre otras cosas, no lo soy, pero sí quiero
apuntar a vuestro interior porque su fomento crea
seguridad y confianza y consecuentemente, una vida
más indolora.
Seguro que llegados
a este punto muchos de ustedesse habrán formado
una imagen un tanto fría de mis emociones pero
el verdadero afecto no consiste en llorar el proceso
de la muerte sino en ingeniárselas para salir
de la pena.
Ese
sentimiento que nos acosa ante la muerte de un ser
querido es lo que llamamos "duelo". Cuando
una persona amada muere nos sentimos en un primer
momento perdidos, tratados injustamente, por haber
sido arrancados bruscamente de su lado. Rechazamos
la dolorosa realidad como si de una pesadilla se tratase
y al despertar nuestro amado volviera a estar vivo.
Ese proceso es nuestro mecanismo de defensa para que
el Yo que habitamos no sufra tanto. Pensamos mil formas
distintas de negarlo, recorriendo mentalmente el pasado.
Pero en este proceso de dolor y duelo llegamos a un
reconocimiento de la dolorosa realidad que evoluciona
hacia la propia reinserción en la vida que
vivimos, manteniendo en nuestra mente su recuerdo
pero avanzando en la reconstrucción de nuestra
propia existencia.
El
duelo es un proceso necesario y natural para sanar
nuestra mente y se utiliza siempre que perdemos algo
o alguien querido. Es necesario que comprendamos y
aceptemos nuestros sentimientos con respecto a la
muerte, que incorporemos la creencia de que es un
proceso natural en una vida y que su significado tiene
que ver más con renovación e inicio
que con final o castigo. Es un proceso natural que
nos conduce a un nuevo despertar, porque hay algo
en tu interior que así te lo dice y que llamamos
alma, aquella que alberga tu cuerpo físico
y que es invisible y adimensional. Este pensamiento
proporcionará seguridad y mantendrá
alejado el miedo a esa misteriosa experiencia.
La
actitud que tengamos hacia la muerte depende mucho
de nuestro entorno tanto cultural como familiar. Nuestras
convicciones las hemos heredado o aprendido de aquello
que oímos y es, al madurar y hacernos adultos,
cuando a menudo cuestionamos esas creencias tan instaladas
en nuestro ser.
Recuerdo que en
el seno de mi familia la muerte siempre ha sido considerada
tema tabú. Nuestros progenitores querían
que tanto mi hermana como yo creciéramos alejadas
de su vivencia y nos protegieron de todo peligro.
Algo así como aquello que suelen decir de "estar
envueltas en suaves nubes de algodón".
Por suerte o por desgracia mi primera experiencia
cercana con la muerte fue el fallecimiento de una
profesora que apreciaba mucho cuando yo contaba con
8 años de edad. La impresión que causó
en mí su cuerpo inerte y amoratado me marcó
en los años siguientes. No entendía
ese proceso porque sólo conocía lo que
mi educación religiosa me había enseñado
y en ella habían demasiadas contradicciones.
Crecí con temor y el paso a la madurez me ha
hecho empezar a querer entenderla, incorporándola
en mi visión de la vida.
He comprendido que
en el pensamiento se alberga la clave para una mente
sana e intento a lo largo de mi vida incorporar pensamientos
positivos que me ayuden a evitar frustraciones o malestares.
Frente a cualquier
situación lo peor que puede pasar es la propia
muerte y ello es un hecho totalmente natural, con
lo cual son innecesarias emociones tales como ansiedad
o depresión.
Se
ha estudiado mucho el tema de la muerte en las diferentes
civilizaciones que forman parte de nuestro Universo
porque el tema supone una incógnita para el
ser humano. Muchas han coincidido en hablar de la
muerte súbita a causa de la indefensión
o desesperanza del ser humano. Seligman fue la persona
que más datos escribió sobre el tema,
observándolo tanto en humanos como en animales.
En el artículo sobre la Depresión también
lo menciono; sus estudios impactaron con fuerza en
la mente de una pobre adolescente.
Parece
ser que cuando los humanos o los animales se dan cuenta
de que sus acciones pierden eficacia, de que ya no
existe esperanza, se vuelven más susceptibles
al proceso denominado Muerte. Perdemos el control
sobre los acontecimientos y ello nos conduce a perecer.
Algunas situaciones
que han generado lo que denominamos indefensión
son: reacción depresiva por una pérdida
muy cercana como la muerte de una madre, situaciones
incontrolables como campos de concentración
después de una guerra, la aflicción,
etc
Los pasos que se
repiten en la indefensión son: pérdida
del control, depresión, desesperanza y muerte
inesperada. Es algo así como un suicidio pero
sin apretar el gatillo o llevar a cabo cualquier acción
para lograrlo. Es como un abandonarse a la espera
de la muerte.
Para
cerrar esta reflexión me gustaría citar
un caso de indefensión en animales, concretamente
en un cachorro de macaco, estudiado por el Dr. I.
Charles Kaufman que puede encontrarse literalmente
en el libro referenciado de Seligman (pág.243-244):
"La primera
muerte se produjo en uno de los cachorros que antes
había nacido, con una edad de cinco meses
y siete días. Murió al noveno día
de ser separado de su madre. La autopsia no reveló
ninguna patología que pudiera explicar su
muerte. El cachorro manifestó un cuadro de
agitación primero y depresión después,
una brusca disminución en su juego y un aislamiento
de los demás animales, acabando por morir
repentinamente."
©
Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo
Bibliografía
consultada:
Oriana Fallaci "Carta a un niño que nunca
nació" Ed. Noguer
A.Haynal y W.Pasini "Manual de Medicina Psicosomática"
ed.Toray-Masson
Martin E.P.Seligman "Indefensión"
Ed. Debate
Lucien Auger "Ayudarse a sí mismo"
Ed. Sal Terrae
Louise L.Hay "Respuestas" ed. Urano
Georgia Witkin "El estrés de la mujer"
ed. Grijalbo
Wayne W. Dyer "Tus zonas mágicas"
ed. Grijalbo
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