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Elaboración del Duelo
 

Aspectos conceptuales

El duelo es el sentimiento que puede seguir a toda pérdida, sea ésta afectiva o material. Conlleva un proceso - denominado proceso de duelo que permite el reajuste para adaptarse a la ausencia de aquello que se perdió.

Es importante entender que no sólo hay duelo cuando alguien fallece o se va. Habrá duelo por la pérdida de un proyecto social o político, por la pérdida del trabajo o la pérdida de la tierra, por la casa destruida o los libros que hubo que quemar. Allí donde se puso energía, donde hubo cariño y afecto, tras la pérdida existe duelo.

Aproximación al concepto occidental de duelo

En la cultura euroamericana hay diversos modelos de estudio del duelo. Tal vez los trabajos más conocidos sean los de Kübler-Ross, una psicóloga norteamericana que durante años dio apoyo psicológico a pacientes terminales con cáncer.

A partir de su experiencia (que no es hablando con los familiares sino con la propia gente que está muriendo y que anticipa la separación y todo lo que va a perder), delimitó una serie de reacciones que luego bastantes autores han confirmado con estos u otros nombres:

a) Incredulidad o negación. La persona se niega a aceptar la evidencia de la pérdida. Le parece que todo es una pesadilla, algo de lo que va a despertar para darse cuenta que no es verdad.

b) Rabia e impotencia. A medida que la persona va asumiendo que la pérdida es real e irreversible la persona puede preguntarse por qué ella, impreca a los responsables, al destino, a Dios si es creyente... Desearía que el tiempo volviera atrás y poder hacer algo para evitar la pérdida, y se da cuenta que es irreversible y no caben más posibilidades.

c) En la fase de negociación, que se mezcla con la anterior, la persona puede culpabilizarse por la pérdida, intentar pactar. Promete a Dios. Se promete a sí misma. Puede desarrollar algunas conductas que actúan como rituales, como actos de compensación. Si ha sentido rabia e impotencia, busca modos de canalizarla...

d) Finalmente la realidad se abriría paso con el tiempo, las estrategias desarrolladas no sirven para devolver lo perdido. Ni la rabia, ni las conductas de negociación con Dios o el destino permiten volver atrás.

Aparece propiamente la depresión. Es la fase más larga, marcada por el recuerdo, por la sobrevaloración de lo perdido, por la tristeza. Es la ausencia en toda su dimensión. Puede haber una angustia muy importante y sentimientos de indefensión: si he perdido a esta persona que tanto quería, puedo perderlo todo. Aparece inseguridad, temor a nuevas pérdidas. La persona puede rechazar cualquier contacto personal íntimo, o negarse a seguir algún ideal para evitar el dolor de nuevas pérdidas. Puede necesitar estar comprobando constantemente que los demás están cerca, que no le van a abandonar. En esta fase pueden aparecer deseos de muerte como uno de los modos de resolución del conflicto. No se trata de ideas suicidas, sino de deseos pasivos del tipo 'Ojalá me muriera yo también', o 'No me importaría morirme'.

Tanto en la fase anterior como en ésta pueden aparecer recursos psicológicos positivos para intentar llenar el vacío de la pérdida: fantasías, conversaciones con el muerto, rumiaduras, rituales de comunicación... Más de la mitad de las personas que han perdido a un familiar al que se sentían muy unidos puede tener alucinaciones visuales o auditivas.

e) Finalmente llegará la aceptación. Se tolera la pérdida como un proceso natural, se valora el peso del azar, de las leyes de la vida. Se buscan actitudes positivas que permitan el recuerdo sin impedir que se lleve adelante una vida creativa.

No hay estudios transculturales que muestren que estas reacciones, descritas en personas norteamericanas, tengan que ser universales. Tampoco que se trate de 'fases', es decir de una secuencia de reacciones por las que se va pasando. Una persona no tiene por qué pasar por todas ellas, ni tampoco debe seguirlas necesariamente en ese orden. La misma Kübler-Ross explica, por ejemplo, que las reacciones de negociación son, en su estudio, poco frecuentes.

Los estudios sobre duelo suelen dar una gran importancia a la duración del mismo. Se suele fijar en seis meses a un año el tiempo medio del trabajo de duelo, aunque puede llegar a los dos años en el caso de una persona con la que se mantenían fuertes vínculos afectivos. (por ejemplo en los casos de viudo/as con muchos años de convivencia de pareja). Middleton et al , en un amplio estudio comunitario realizado en Australia encuentran que frente a esta reacción mayoritaria habría, en un extremo, un 20 por ciento de familiares que tienen reacciones de duelo leves desde el primer momento y en el otro, un 10% de personas que tienen reacciones intensas que se mantienen durante mas de dos años (duelo prolongado).-

[José Quidel Lincoqueo es coautor de este capítulo]

 
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