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Los
inquietos dioses egipcios, que regalaban inmortalidad
y ofrecían juicios posmortem (reconocen la
historia ?) son una muestra del tiempo invertido por
la sociedad humana pensando en la muerte y preparando
provisiones para el mas allá.
Así, los faraones,
muy prácticos al fin, despreciaban una vida
sin cuerpo, sin su khat. Los hindúes, cuando
la tienen cerca, inician un ritual minimalista y gutural:
repiten Om, Om, Om.... Posteriormente incineran a
sus seres queridos y los lanzan al río Ganges.
En América Latina,
me cuenta mi abuela, era tradicional merendar mientras
se disfrutaba de las nuevas adquisiciones del cementerio.
La compañía
Celestis ubicada en Texas, USA, ofrece servicios funerarios
en la Luna.
Nuestro satélite,
admirado y llorado por poetas, cineastas y pintores,
se convertirá, posiblemente en el último
exilio de nuestro deseo de inmortalidad.
Celestis en esta suerte
de mas allá temporal, tiene a los restos de
100 personas girando en la órbita terrestre,
pero ahora ofrece esparcirlos por la superficie lunar.
De lograr acuerdos con
empresas dedicadas al desarrollo de misiones comerciales
al quieto satélite, en dos o tres años
podremos enviar a nuestros parientes y odiados muy,
muy lejos, de nuestras culpas y temores.
Ya tienen el nombre de
la primera persona a ser enterrada: Mareta West, la
geóloga que decidió el sitio para el
aterrizaje del Apollo 11 en 1969.
Ella murió en 1998,
y no estará sola pues las cenizas del astrónomo
Gene Shoemaker reposan en la luna, luego de estrellarse
el pasado año a bordo del "Luna Prospector"
de la NASA
.
Celestis pagó por
llevarse a Mareta West; pero al resto de los mortales
nos cobrará U$S 12.500.-
Así, mas allá
del gasto o inversión, me pregunto si este
orbitar de nuestros despojos nos acerca o nos aleja
del misterio, del miedo y sobre todo, de la voraz
necesidad de permanecer.
Nota
publicada por Venezuela Analitica Editores
Autora: Sra. Aurora Ribeiro
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