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Ritos Funerarios (Décima Primera Parte)
 


Los ritos funerarios en el antaño y el enterramiento de hoy día

El funeral es la última ceremonia del ciclo familiar y asimismo un rito de transición importantísimo. Notamos unas diferencias de las pompas fúnebres acorde al que era enterrado. En el caso de muchachas y muchachos jóvenes todo el rito llevaba rasgos comunes con el de la boda. Esto se manifestaba en los vestidos, luego en la comitiva fúnebre se llevaba el báculo nupcial o un arbolito adornado con los lazos y también se comía el pastel crucial de boda. En las narraciones y llantos se mencionaba siempre “la boda con la muerte“. Este motivo emanaba de la fe que el muerto seguía su vida en otro mundo, teniendo todas sus necesidades como antes, es decir de comer, beber, las faltas sexuales, etc. De ahí surgió el miedo del reventantismo o el vampirismo, que es la vuelta del muerto a nuestro mundo. Nuestros antepasados tomaban la muerte como parte natural e inseparable de su vida y se comportaban acorde a esta naturalidad. Por eso no se esforzaban en impedir lo inevitable, lo contrario, ponían al moribundo a disposición de la tierra para que bien le recibiera. Hasta la primera campanada, que era el aviso público de haberse verificado el fallecimiento, el difunto tenía que estar amortajado, entonces lavado, vestido en el traje que se había preparado él mismo y acostado con la cabeza orientada hasta el rincón de culto y pies hasta la puerta que no se volviera a casa. Aproximadamente tres días quedaba así colocado, con una candela de Purificación, pan y agua en su lado y a la presencia de las lloronas. Estas planideras todavía existen en Serbia y en forma restringida, eso es sólo durante el propio entierro, las tenemos también en Eslovaquia. Lloraban sobre el difunto acordando sus hechos generosos, célebres, expresando la tristeza de tener que abandonarle. Esta forma no se usaba en el caso de los niños, lo contrario, la gente se alegraba de su salida en el estado de inocencia.

La comida u otros objetos dejados cerca del muerto debían servir al aparecido, igual como las cosas puestas en el ataúd. Eran artículos favorables del fallecido, como el rosario, el libro de oraciones, la pipa, la botella de aguardiente o hierbas mágicas. Otro sentido llevaba el hábito de poner la amapola, trigo o legumbres en el féretro y eso que el difunto debía recogerlas y pasando así el tiempo no tener la oportunidad de regreso. Entre otros ritos destinados a impedir al revenantismo posible puedo mencionar la costumbre de clavar un clavo en el sitio donde en casa había estado colocado el ataúd, de dar tres golpes a la puerta al llevar el féretro fuera del hogar o de pararse en el límite de la hacienda y del pueblo para que se pudiera despedir el aparecido. En unas regiones exisitían huecos especiales debajo del umbral, por el cual trasladaban al muerto. En el caso de confirmar el reventatismo resultaba inevitable bendecir todos los espacios donde se podía mover el revenante, en lo peor tenían que exhumar el cuerpo y atravesarle con la cuna de hierro o madera o cortar al muerto las extremidades y esparcirlas en los alrededores. Se ha encontrado, por ejemplo, la cavalera con una cerradura de hierro en la mandíbula. Entre otras creencias tradicionales puedo destacar el sentido que tenía el agua, con la cual se había lavado el muerto. Ésta había conseguido el poder mágico, sirviendo después como un auxilio para la magia negra.

Los eslavos, hasta el siglo 6, quemaban los cuerpos, después cambiaban poco a poco esta manera en enterrar como lo hacemos también en el día de hoy. Esta medida se impuso plenamente en el siglo 9, merced a la influencia eclesiástica. Los eslavos creían que las almas se reencarnaban en los pájaros, por lo cual inhumaban a menudo en los bosques. Hasta los anos 50 del siglo pasado se había conservado un rito procedente también de la cultura paleoslava, llamado tryzna, un sacrificio que se manifestaba en el uso de llevar la comida, como los huevos y pan, a las tumbas y comerlas allí. También se solía bailar en los cementerios para unirse así con los enterrados. Por fin me queda decir algo sobre la fiesta fúnebre. En esta celebración participaba la familia y los funcionarios de las exquisias, tomando el aguardiente y comiendo el pan, la primera comida que se cocinaba en la casa del muerto, la sopa, en el caso del fallecimiento de la mujer de gallina y en caso del hombre de gallo y por supuesto la masa ceremonial. A menudo se festejaban también varios aniverasarios de este acontecimiento tan fatal en nuestras vidas..

Mária Mangová.

 
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