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Los
ritos funerarios en el antaño y el enterramiento
de hoy día
El
funeral es la última ceremonia del ciclo familiar
y asimismo un rito de transición importantísimo.
Notamos unas diferencias de las pompas fúnebres
acorde al que era enterrado. En el caso de muchachas
y muchachos jóvenes todo el rito llevaba rasgos
comunes con el de la boda. Esto se manifestaba en
los vestidos, luego en la comitiva fúnebre
se llevaba el báculo nupcial o un arbolito
adornado con los lazos y también se comía
el pastel crucial de boda. En las narraciones y llantos
se mencionaba siempre la boda con la muerte.
Este motivo emanaba de la fe que el muerto seguía
su vida en otro mundo, teniendo todas sus necesidades
como antes, es decir de comer, beber, las faltas sexuales,
etc. De ahí surgió el miedo del reventantismo
o el vampirismo, que es la vuelta del muerto a nuestro
mundo. Nuestros antepasados tomaban la muerte como
parte natural e inseparable de su vida y se comportaban
acorde a esta naturalidad. Por eso no se esforzaban
en impedir lo inevitable, lo contrario, ponían
al moribundo a disposición de la tierra para
que bien le recibiera. Hasta la primera campanada,
que era el aviso público de haberse verificado
el fallecimiento, el difunto tenía que estar
amortajado, entonces lavado, vestido en el traje que
se había preparado él mismo y acostado
con la cabeza orientada hasta el rincón de
culto y pies hasta la puerta que no se volviera a
casa. Aproximadamente tres días quedaba así
colocado, con una candela de Purificación,
pan y agua en su lado y a la presencia de las lloronas.
Estas planideras todavía existen en Serbia
y en forma restringida, eso es sólo durante
el propio entierro, las tenemos también en
Eslovaquia. Lloraban sobre el difunto acordando sus
hechos generosos, célebres, expresando la tristeza
de tener que abandonarle. Esta forma no se usaba en
el caso de los niños, lo contrario, la gente
se alegraba de su salida en el estado de inocencia.
La
comida u otros objetos dejados cerca del muerto debían
servir al aparecido, igual como las cosas puestas
en el ataúd. Eran artículos favorables
del fallecido, como el rosario, el libro de oraciones,
la pipa, la botella de aguardiente o hierbas mágicas.
Otro sentido llevaba el hábito de poner la
amapola, trigo o legumbres en el féretro y
eso que el difunto debía recogerlas y pasando
así el tiempo no tener la oportunidad de regreso.
Entre otros ritos destinados a impedir al revenantismo
posible puedo mencionar la costumbre de clavar un
clavo en el sitio donde en casa había estado
colocado el ataúd, de dar tres golpes a la
puerta al llevar el féretro fuera del hogar
o de pararse en el límite de la hacienda y
del pueblo para que se pudiera despedir el aparecido.
En unas regiones exisitían huecos especiales
debajo del umbral, por el cual trasladaban al muerto.
En el caso de confirmar el reventatismo resultaba
inevitable bendecir todos los espacios donde se podía
mover el revenante, en lo peor tenían que exhumar
el cuerpo y atravesarle con la cuna de hierro o madera
o cortar al muerto las extremidades y esparcirlas
en los alrededores. Se ha encontrado, por ejemplo,
la cavalera con una cerradura de hierro en la mandíbula.
Entre otras creencias tradicionales puedo destacar
el sentido que tenía el agua, con la cual se
había lavado el muerto. Ésta había
conseguido el poder mágico, sirviendo después
como un auxilio para la magia negra.
Los
eslavos, hasta el siglo 6, quemaban los cuerpos, después
cambiaban poco a poco esta manera en enterrar como
lo hacemos también en el día de hoy.
Esta medida se impuso plenamente en el siglo 9, merced
a la influencia eclesiástica. Los eslavos creían
que las almas se reencarnaban en los pájaros,
por lo cual inhumaban a menudo en los bosques. Hasta
los anos 50 del siglo pasado se había conservado
un rito procedente también de la cultura paleoslava,
llamado tryzna, un sacrificio que se manifestaba en
el uso de llevar la comida, como los huevos y pan,
a las tumbas y comerlas allí. También
se solía bailar en los cementerios para unirse
así con los enterrados. Por fin me queda decir
algo sobre la fiesta fúnebre. En esta celebración
participaba la familia y los funcionarios de las exquisias,
tomando el aguardiente y comiendo el pan, la primera
comida que se cocinaba en la casa del muerto, la sopa,
en el caso del fallecimiento de la mujer de gallina
y en caso del hombre de gallo y por supuesto la masa
ceremonial. A menudo se festejaban también
varios aniverasarios de este acontecimiento tan fatal
en nuestras vidas..
Mária
Mangová.
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