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Ritos Funerarios (Cuarta Parte)
 


La muerte y sus ritos en la cultura mapunche

Toda muerte tiene una causa. Desde la tradición mapunche - que se mantiene firmemente en muchas zonas- la muerte es pensada y vivida como una realidad provocada por la acción de los kalku (brujos). No hay muerte natural aunque la persona sea un anciano/a.

La separación del Püllü, el Alwe y el Am. Tras la muerte se separan las partes que constituyen al hombre. Hay diversas conceptualizaciones que dependen de cómo se han ido transmitiendo los conceptos en cada zona. Parece haber acuerdo en que hay siempre tres constituyentes: la carne que queda en la tierra, la imagen que queda en el lof durante unos meses y en el recuerdo después, y el espíritu que viajará a otras tierras desconocidas.

Una terminología (bastante aceptada aunque no compartida por todas las personas) sería:

  • El Alwe que correspondería a la carne, a la parte que muere y vuelve a la tierra.
  • El Am que correspondería al cuerpo invisible que tras la muerte de la persona se separa del cuerpo, sale caminando, y queda vagando por el lof durante un tiempo que unas personas consideran de seis meses mientras que otras lo alargan hasta los dos años. Durante este tiempo, aunque no sea generalmente visible, está presente y los familiares lo pueden sentir, notar su olor, su presencia. Pueden incluso, en ciertas ocasiones llegar a verle (por ejemplo yendo por un camino solitario) lo que se denomina Peyewün. Su presencia se nota especialmente por la noche, en que se manifiesta ya sea por la presencia de algún pájaro, ruido o algún fenómeno poco frecuente.
  • El Püllü sería, finalmente, la extensión espiritual de la persona, el espíritu que tras la muerte viajará hacia otras tierras donde seguirá viviendo en la eternidad, con los otros antepasados. Con el tiempo será quien quedará velando por aquellos que quedaron en la tierra.

El rito funerario:
Tanto los cementerios como el rito funerario han cambiado mucho en el último siglo y cada vez son más similares al rito católico o evangélico. En la tradición mapunche todo el ritual (el velatorio) es más complejo, tiene una duración mucho mayor e implica a todo el Lof e incluso a personas de los Lofs vecinos. La persona fallecida debe cumplir 4 noches en la casa.

Durante este tiempo va llegando gente, generalmente las mujeres durante el día y los hombres durante la noche. Se conversa con los dolientes, se toma mate, y se llora mucho. Cada vez que llega alguien se irrumpe en llanto.

Tras las noches de vela en la casa, se saca al fallecido el día del entierro al patio muy temprano, de madrugada. Llega toda la comunidad a participar. Se hace fuego y se cocina mucha comida, generalmente aquella que más gustaba al fallecido, a quien también se le sirve su parte. Se entiende que todos los animales que se sacrifican durante los días que dura el velatorio y en el día del entierro son animales que la persona se va a llevar en el difícil viaje que empieza para él.

Tras diversos recordatorios y oraciones rogándole al fallecido que emprenda el viaje, que sepa desprenderse de lo que tiene en este mundo y partir sin mirar atrás, se realiza la despedida final en el Eluwün o Sepultación Pública, el momento más difícil en la existencia de una persona. La participación en este momento decisivo es un deber moral y religioso de todos los miembros de la comunidad. La persona fallecida inicia el viaje a un mundo desconocido (al Ka Mapu o tierras lejanas u otras tierras ). Al familiar se le dice: Amutui Lafken ("se fue al mar"), queriendo significar no físicamente el mar, sino el hecho de que inició un peregrinaje a otras tierras que nos son desconocidas. Es un viaje difícil e incierto: puede ser capturado por un wekufe o por un kalku, y puesto a su servicio, o transformado en un wekufe. Por eso en la tradición mapunche toda la comunidad debe acompañar para conseguir encaminar adecuadamente al muerto, para que éste viaje sin dificultad a las tierras a las que se dirige. En la ceremonia los weupines, parientes del difunto, ruegan a los antepasados que le ayuden también y le encaminen. La persona que no acompaña en este momento transgrede gravemente las normas de la comunidad y queda expuesto al mal. Este podrá provenir del propio difunto o de la misma comunidad y se expresará por enfermedades, problemas con las cosechas, mala suerte con los animales o incluso muerte.

Comunicación del difunto con los que quedan vivos. Una vez sepultado se esperan las noticias del difunto sobre su suerte en el viaje y la llegada al Ka Mapu. Si las noticias son buenas serán también buenos los sueños que alegrarán a los familiares; si son malas se encontrarán señales que indiquen la muerte próxima o desgracia de algún otro ser querido.

José Quidel Lincoqueo - Chile
 
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