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 La
muerte y sus ritos en la cultura mapunche
Toda
muerte tiene una causa. Desde la tradición
mapunche - que se mantiene firmemente en muchas zonas-
la muerte es pensada y vivida como una realidad provocada
por la acción de los kalku (brujos). No hay
muerte natural aunque la persona sea un anciano/a.
La
separación del Püllü, el
Alwe y el Am. Tras la muerte se separan
las partes que constituyen al hombre. Hay diversas
conceptualizaciones que dependen de cómo se
han ido transmitiendo los conceptos en cada zona.
Parece haber acuerdo
en que hay siempre tres constituyentes: la carne que
queda en la tierra, la imagen que queda en el lof
durante unos meses y en el recuerdo después,
y el espíritu que viajará a otras tierras
desconocidas.
Una
terminología (bastante aceptada aunque no compartida
por todas las personas) sería:
- El Alwe que
correspondería a la carne, a la parte que
muere y vuelve a la tierra.
- El Am que
correspondería al cuerpo invisible que tras
la muerte de la persona se separa del cuerpo, sale
caminando, y queda vagando por el lof durante un
tiempo que unas personas consideran de seis meses
mientras que otras lo alargan hasta los dos años.
Durante este tiempo, aunque no sea generalmente
visible, está presente y los familiares lo
pueden sentir, notar su olor, su presencia. Pueden
incluso, en ciertas ocasiones llegar a verle (por
ejemplo yendo por un camino solitario) lo que se
denomina Peyewün. Su presencia se nota especialmente
por la noche, en que se manifiesta ya sea por la
presencia de algún pájaro, ruido o
algún fenómeno poco frecuente.
- El Püllü
sería, finalmente, la extensión espiritual
de la persona, el espíritu que tras la muerte
viajará hacia otras tierras donde seguirá
viviendo en la eternidad, con los otros antepasados.
Con el tiempo será quien quedará velando
por aquellos que quedaron en la tierra.
El rito funerario:
Tanto
los cementerios como el rito funerario han cambiado
mucho en el último siglo y cada vez son más
similares al rito católico o evangélico.
En la tradición mapunche todo el ritual (el
velatorio) es más complejo, tiene una duración
mucho mayor e implica a todo el Lof e incluso a personas
de los Lofs vecinos. La persona fallecida debe cumplir
4 noches en la casa.
Durante
este tiempo va llegando gente, generalmente las mujeres
durante el día y los hombres durante la noche.
Se conversa con los dolientes, se toma mate, y se
llora mucho. Cada vez que llega alguien se irrumpe
en llanto.
Tras
las noches de vela en la casa, se saca al fallecido
el día del entierro al patio muy temprano,
de madrugada. Llega toda la comunidad a participar.
Se hace fuego y se cocina mucha comida, generalmente
aquella que más gustaba al fallecido, a quien
también se le sirve su parte. Se entiende que
todos los animales que se sacrifican durante los días
que dura el velatorio y en el día del entierro
son animales que la persona se va a llevar en el difícil
viaje que empieza para él.
Tras
diversos recordatorios y oraciones rogándole
al fallecido que emprenda el viaje, que sepa desprenderse
de lo que tiene en este mundo y partir sin mirar atrás,
se realiza la despedida final en el Eluwün
o Sepultación Pública, el momento más
difícil en la existencia de una persona. La
participación en este momento decisivo es un
deber moral y religioso de todos los miembros de la
comunidad. La persona fallecida inicia el viaje a
un mundo desconocido (al Ka Mapu o tierras
lejanas u otras tierras ). Al familiar se le dice:
Amutui Lafken ("se fue al mar"), queriendo
significar no físicamente el mar, sino el hecho
de que inició un peregrinaje a otras tierras
que nos son desconocidas. Es un viaje difícil
e incierto: puede ser capturado por un wekufe o por
un kalku, y puesto a su servicio, o transformado en
un wekufe. Por eso en la tradición mapunche
toda la comunidad debe acompañar para conseguir
encaminar adecuadamente al muerto, para que éste
viaje sin dificultad a las tierras a las que se dirige.
En la ceremonia los weupines, parientes del difunto,
ruegan a los antepasados que le ayuden también
y le encaminen. La persona que no acompaña
en este momento transgrede gravemente las normas de
la comunidad y queda expuesto al mal. Este podrá
provenir del propio difunto o de la misma comunidad
y se expresará por enfermedades, problemas
con las cosechas, mala suerte con los animales o incluso
muerte.
Comunicación
del difunto con los que quedan vivos. Una vez sepultado
se esperan las noticias del difunto sobre su suerte
en el viaje y la llegada al Ka Mapu. Si las noticias
son buenas serán también buenos los
sueños que alegrarán a los familiares;
si son malas se encontrarán señales
que indiquen la muerte próxima o desgracia
de algún otro ser querido.
José
Quidel Lincoqueo - Chile
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