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 Siberia,
Asia
Los
Goldi tienen dos ceremonias funerarias: la nimgan
que se celebra siete días después de
la muerte, o aún más (dos meses), y
la kazatauri, gran ceremonia que se celebra
algún tiempo después de la primera,
que tiene por objeto conducir el alma hacia el otro
mundo, una vez que ha concluido la ceremonia.
Durante
la nimgan el shamán entra a la casa del muerto
con su tambor para buscar el alma, capturarla y hacerla
entrar en una especie de almohadilla (fanya).
El
banquete continúa participando todos las familiares
y amigos del muerto presente en el fanya. El shaman
ofrece aguardiente al muerto. La kazatauri comienza
de la misma forma. El shamán se pone sus vestidos,
toma su tambor y va a buscar el alma cerca de la choza.
Mientras lo hace danza y relata las dificultades que
se encuentran en el camino hacia el más allá.
Por fin captura al alma y la lleva dentro de la casa,
donde la hace entrar el fanya.
El
banquete continúa hasta muy tarde, y la comida
sobrante es quemada por el shamán. Las mujeres
traen una cama a la choza y el shamán coloca
en ella al fanya, lo cubre y abriga, pidiendo a los
presentes que vayan a dormir. El mismo lo hace dentro
de la choza.
Al
día siguiente nuevamente se pone sus vestidos
y despierta al muerto con su tambor. Otro banquete
comienza por la noche (y así durante varios
días) pone el fanya en la cama y lo vuelve
a cubrir. Por fin, un día, el shamán
comienza a cantar, y dirigiéndose al muerto,
le advierte que coma bien pero que beba poco, pues
el viaje hacia el otro mundo es muy difícil
para los borrachos.
A
la caída del Sol los preparativos para la partida
han concluido. El shamán se pinta la cara y
baila y canta. Invoca a los espíritus para
que lo ayuden y lo conduzcan, junto con el muerto,
al más allá. Luego sale de la choza
por unos minutos y trepa a un árbol cortado,
que ha sido ubicado en las cercanías. Desde
allí él puede ver el camino que conduce
hacia el mundo inferior. (En realidad, ha trepado
al Árbol del Mundo y ha llegado así
a la cima del mundo.) Al mismo tiempo puede ver muchas
otras cosas: abundantes nevadas, cacerías exitosas,
buena pesca, etc.
Antes
de volver a la cabaña, suplica a dos poderosos
espíritus tutelares, que lo ayuden; son butchu,
una especie de monstruo de una sola pierna, emplumado,
y con rostro humano, y koori, un pájaro de
largo cuello. Sin la ayuda de estos dos espíritus
el shamán no podría volver del mundo
inferior. Realiza la mayor parte del difícil
viaje de retorno, sobre las espaldas del koori.
Después
de danzar hasta quedar exhausto, se sienta, mirando
al Oeste, sobre una tabla que representa un trineo
siberiano. A su lado se colocan una canasta de comida
y el fanya que contiene el alma de la persona muerta.
El shamán pide a los espíritus que enganchen
los perros al trineo y a un "sirviente"
que lo acompaña durante el viaje. Un poco después
"parte" hacia la tierra de los muertos.
Es posible seguir su ruta a través de las canciones
que entona y de las palabras que cambia con su "sirviente".
El
primer tramo de camino es fácil, pero las dificultades
son cada vez mayores a medida que se acercan a la
tierra de los muertos. Un gran río obstruye
la ruta, y sólo un buen shamán es capaz
de conducir sus animales y el trineo hasta la otra
orilla. Algún tiempo después ve señales
de actividad humana: huellas, trozos de leña
-la aldea de los muertos está cerca. Después
se escucha ladrar a los perros, se ve el humo de las
chozas, aparece el primer reno. El shamán y
el difunto han llegado al mundo inferior.
En
seguida los muertos se reúnen y preguntan al
shamán su nombre y el del recién llegado.
El shamán se cuida de no dar su verdadero nombre.
Busca
entre la multitud de espíritus a los parientes
cercanos del alma que ha conducido para presentárselos.
Una vez que ha hecho esto, se apresura a retornar
a la tierra, y cuando llega, brinda un largo relato
de todo lo que ha visto en la tierra de los muertos
y las impresiones del hombre muerto que él
ha escoltado, y aún les distribuye pequeños
regalos. Al finalizar la ceremonia, el shamán
tira el fanya al fuego. Las estrictas obligaciones
de los vivos hacia el muerto han terminado.
M.
Eliade, Shamanism: Archaic Techniques of Ecstasy,
traducción de Willard Trask (New York:
Bollingen Series LXXVI), págs. 210-12,
es un resumen de Uno Harva, Die religiones Vorsteellungen
der altaischen Völker (Helsinki, 1938), págs.
334-45. Citado en Mircea Eliade, La muerte, la
vida después de la muerte y la escatología,
Argentina, Ediciones Megapolis, 1978, pp. 566-568
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