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Ritos Funerarios (Segunda Parte)
 


Siberia, Asia

Los Goldi tienen dos ceremonias funerarias: la nimgan que se celebra siete días después de la muerte, o aún más (dos meses), y la kazatauri, gran ceremonia que se celebra algún tiempo después de la primera, que tiene por objeto conducir el alma hacia el otro mundo, una vez que ha concluido la ceremonia.

Durante la nimgan el shamán entra a la casa del muerto con su tambor para buscar el alma, capturarla y hacerla entrar en una especie de almohadilla (fanya).

El banquete continúa participando todos las familiares y amigos del muerto presente en el fanya. El shaman ofrece aguardiente al muerto. La kazatauri comienza de la misma forma. El shamán se pone sus vestidos, toma su tambor y va a buscar el alma cerca de la choza. Mientras lo hace danza y relata las dificultades que se encuentran en el camino hacia el más allá. Por fin captura al alma y la lleva dentro de la casa, donde la hace entrar el fanya.

El banquete continúa hasta muy tarde, y la comida sobrante es quemada por el shamán. Las mujeres traen una cama a la choza y el shamán coloca en ella al fanya, lo cubre y abriga, pidiendo a los presentes que vayan a dormir. El mismo lo hace dentro de la choza.

Al día siguiente nuevamente se pone sus vestidos y despierta al muerto con su tambor. Otro banquete comienza por la noche (y así durante varios días) pone el fanya en la cama y lo vuelve a cubrir. Por fin, un día, el shamán comienza a cantar, y dirigiéndose al muerto, le advierte que coma bien pero que beba poco, pues el viaje hacia el otro mundo es muy difícil para los borrachos.

A la caída del Sol los preparativos para la partida han concluido. El shamán se pinta la cara y baila y canta. Invoca a los espíritus para que lo ayuden y lo conduzcan, junto con el muerto, al más allá. Luego sale de la choza por unos minutos y trepa a un árbol cortado, que ha sido ubicado en las cercanías. Desde allí él puede ver el camino que conduce hacia el mundo inferior. (En realidad, ha trepado al Árbol del Mundo y ha llegado así a la cima del mundo.) Al mismo tiempo puede ver muchas otras cosas: abundantes nevadas, cacerías exitosas, buena pesca, etc.

Antes de volver a la cabaña, suplica a dos poderosos espíritus tutelares, que lo ayuden; son butchu, una especie de monstruo de una sola pierna, emplumado, y con rostro humano, y koori, un pájaro de largo cuello. Sin la ayuda de estos dos espíritus el shamán no podría volver del mundo inferior. Realiza la mayor parte del difícil viaje de retorno, sobre las espaldas del koori.

Después de danzar hasta quedar exhausto, se sienta, mirando al Oeste, sobre una tabla que representa un trineo siberiano. A su lado se colocan una canasta de comida y el fanya que contiene el alma de la persona muerta. El shamán pide a los espíritus que enganchen los perros al trineo y a un "sirviente" que lo acompaña durante el viaje. Un poco después "parte" hacia la tierra de los muertos. Es posible seguir su ruta a través de las canciones que entona y de las palabras que cambia con su "sirviente".

El primer tramo de camino es fácil, pero las dificultades son cada vez mayores a medida que se acercan a la tierra de los muertos. Un gran río obstruye la ruta, y sólo un buen shamán es capaz de conducir sus animales y el trineo hasta la otra orilla. Algún tiempo después ve señales de actividad humana: huellas, trozos de leña -la aldea de los muertos está cerca. Después se escucha ladrar a los perros, se ve el humo de las chozas, aparece el primer reno. El shamán y el difunto han llegado al mundo inferior.

En seguida los muertos se reúnen y preguntan al shamán su nombre y el del recién llegado. El shamán se cuida de no dar su verdadero nombre.

Busca entre la multitud de espíritus a los parientes cercanos del alma que ha conducido para presentárselos. Una vez que ha hecho esto, se apresura a retornar a la tierra, y cuando llega, brinda un largo relato de todo lo que ha visto en la tierra de los muertos y las impresiones del hombre muerto que él ha escoltado, y aún les distribuye pequeños regalos. Al finalizar la ceremonia, el shamán tira el fanya al fuego. Las estrictas obligaciones de los vivos hacia el muerto han terminado.

M. Eliade, Shamanism: Archaic Techniques of Ecstasy, traducción de Willard Trask (New York: Bollingen Series LXXVI), págs. 210-12, es un resumen de Uno Harva, Die religiones Vorsteellungen der altaischen Völker (Helsinki, 1938), págs. 334-45. Citado en Mircea Eliade, La muerte, la vida después de la muerte y la escatología, Argentina, Ediciones Megapolis, 1978, pp. 566-568
 
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