Triunfar ante la adversidad
En tiempos y circunstancias como las que estamos viviendo hoy en Argentina, se nos hace casi imposible no abordar el tema de los valores de nuestra Nación.
Para enfrentar los actuales desafíos se hace indispensable detonar nuestra creatividad, incrementar la satisfacción de nuestros clientes, sorprenderlos con un servicio de clase mundial. El reto es convertir la crisis en oportunidad, triunfar ante la adversidad.
Edwin O. Reishauer dice en su obra, Historia de una Nación: "...a finales de agosto de 1945, el Japón está completamente arruinado, con dos millones de muertos, arrasado el 40 por ciento de sus ciudades, destruida su industria, esterilizada su agricultura, con un ingreso per cápita de veinte dólares..".
Por otra parte en Japón es aprovechable solamente el 16 por ciento de su territorio, como si fuera una provincia argentina; en el 1 por ciento de su territorio habita el 50 por ciento de su población, además de carecer de recursos naturales pues hasta su alimentación depende de otros.
Nuestro país, en cambio, con una probada y evidente riqueza natural, no ha podido alcanzar el éxito económico obtenido por Japón en donde sólo tienen dos recursos, en abundancia: agua y japoneses.
Inevitablemente surge una interrogación: ¿por qué? La respuesta está precisamente en que en aquella nación han sabido aprovechar su más valioso recurso: su gente.
Cabría entonces preguntarnos: ¿nosotros los argentinos hemos aprovechado nuestra potencialidad humana? Definitivamente no.
Durante años hemos subestimado las capacidades y los valores de nuestra gente, no hemos sido capaces de descubrir las virtudes de un pueblo colmado de gratas sorpresas, que hasta hoy ha estado a la espera de una generación de líderes que crea en su gente, que se atrevan a prepararla y a motivarla para que puedan y quieran generar sus mayores esfuerzos en pos de la superación y el éxito.
Cada argentino, cada joven argentino, representa un diamante a la espera del hábil tallador que lo pula para que pueda dar lo mejor de sí: una expresión siempre alegre, aún ante la adversidad y las crisis, de vocación de servicio y cordialidad, de entrega y pasión sin igual cuando creemos en algo o en alguien, en donde la creatividad y el ingenio no tienen límites a la imaginación, en donde el espíritu humano renace todos los días en un valor llamado: familia . Símbolo de la solidaridad y cuna de las más bellas expresiones de amor: una madre a quien venerar, un padre a quien imitar, un hijo a quien formar y una pareja a quien amar.
Repitámoslo una y otra vez: el tesoro de nuestra Nación , es su gente . Somos nosotros. Tengámoslo presente en nuestros puestos de trabajos, en nuestras empresas, en nuestros colegios, en nuestras familias.
Para triunfar ante la adversidad, “ No hay que temer a la competencia, sino a nuestra propia incompetencia”.
Hasta la proxima !