Podemos renovarnos: animémonos!
Se acuerdan del libro “ Quién se ha llevado mi queso?”
Si alguno no la he leído aún les sugiero que lo hagan. Es una fábula muy aleccionadora, de final abierto, cada uno sabrá cuál es su “queso”.
A lo largo de nuestras vidas vamos acumulando toda una serie de costumbres, modos de hacer y experiencias prácticas que determinan un estilo de trabajar y de vivir. Un buen día podemos encontrarnos con que todas esas rutinas no funcionan bien, y que deben cambiar. Esto puede suceder porque ha habido un cambio importante (en el trabajo, en la vida familiar, en la salud, en la amistad, o en lo que sea), y tenemos que adaptarnos a la nueva situación. También puede ser porque, sencillamente, advertimos que llevábamos una línea equivocada, y nuestro queso no es bueno. Podemos entonces sentirnos enfadados o frustrados, pero también podemos comprender que la vida inteligente supone cambios, como sucedió a esos personajes del libro, que de pronto se encontraron sin el queso de siempre, y unos supieron adaptarse y otros no.
Aunque haya principios, valores, con esto no quiero decir que todo en la vida sea cambiante, ni que debamos cambiar nuestros principios ante unas circunstancias nuevas, porque precisamente lo que nos hace poder adaptarnos a los cambios es tener una base firme sobre la que apoyarnos. Pero no todo en la vida son principios. Hay cosas que siempre hemos hecho, que quizá nunca habíamos pensado en cambiar, pero un buen día debemos ser valientes y cambiar. Por ejemplo cambiar algunas costumbres.
Tener valentía de hacerlo. Esto exige un cierto sentido de aventura, un afán de renovarse, de hacerse cargo de la complejidad del mundo en que vivimos y de cuáles son sus claves. Los que saben adaptarse a los cambios suelen ser aquellos que se interesan por las personas, por la cultura, por la historia, por todo. Saben otear el horizonte. Hacen preguntas y se sienten interesados. Escuchan con atención y procuran aprender de todos, sin etiquetarlos por sus éxitos o errores del pasado. Redescubren a la gente cada vez que se encuentran con ella. Perciben nuevos brillos en los viejos rostros. Son flexibles y autónomos. No tienen miedo a introducir nuevos factores que mejoren su vida, aunque les exija verdadero esfuerzo, y aunque vean que a su alrededor otros menosprecian esos valores.
Saber adaptarse a los cambios exige un dinamismo que es propio de quienes son constantes y pacientes; de quienes escuchan con interés y ejercitan su mente leyendo, observando y escribiendo; de quienes procuran reflexionar con hondura y, si tienen fe, dedican tiempo a profundizar en ella y a hacer que impregne de modo profundo y cabal sus vidas.
Que este mes de julio sea de reflexión y empecemos a cambiar aquello que ya es antiguo y por ende nos envejece como empresarios y como personas.
Hasta la proxima !