Con la intuición sucede lo mismo que con las brujas: nadie cree que existan, "pero que las hay, las hay". Pocos son los analistas que se atreven a otorgar a la intuición el status de "camino de conocimiento válido para aplicar en el mundo de los negocios", pero lo cierto es que gran parte de los ejecutivos utiliza esta facultad a la hora de tomar decisiones importantes. Cada vez son más los empresarios que prestan atención a su "sexto sentido"; esa información y esas percepciones que, cuando permanecen abiertos, les llegan "desde algún lugar" y los ayudan a orientar su rumbo.
Recuerdo haber leido en el libro "Soros on Soros", el caso que George Soros, inversionista notable de nuestro tiempo, cuando le preguntan si él utiliza algún procedimiento formal para minimizar las pérdidas en sus inversiones o detectar problemas en sus negocios, responde:
"Siento el dolor. Confío mucho en mis instintos animales. Cuando gestionaba en forma activa el fondo de inversiones tenía dolores en la espalda. Si notaba un dolor agudo, era una señal de que algo no iba bien en mi cartera de valores. El dolor no me decía qué pasaba, pero me obligaba a buscar lo que estaba mal, cosa que de otra manera no hubiese hecho".
La experiencia de este personaje puede parecer poco corriente, pero revela una tendencia que se acentúa: cada vez queda más claro que la lógica, la razón y el 'método científico' resultan insuficientes para guiarnos, tanto en nuestra vida cotidiana como en el plano profesional; por ello, la sociedad moderna ha comenzado a dar lugar a otras vías de conocimiento -como la intuición- que no se basan en la observación empírica.
Obviamente, existe un grado de experiencia y de formación académica rigurosa que resultan fundamentales para actuar en los negocios. Pero el cincuenta por ciento del éxito depende de lo que yo llamo 'las tres i':
intuición,
imaginación e
innovación"
Todos tenemos intuición. Ocurre que es un recurso bloqueado o adormecido, al cual no recurrimos debido a las convenciones y todos los 'no' que nos dijeron alguna vez.
Un individuo intuitivo en los negocios no lo es por el azar o por costumbre: dispone de una formación, un recorrido en su especialidad y un volumen de información de lo que sucede en el mercado, y todo eso hace que pueda percibir cierto "perfume", como para decir: "Para mí, el negocio viene por este lado".
Más allá del grado de conciencia con que se relacione con esta capacidad, la intuición forma parte de la batería de recursos que todo hombre de negocios debe utilizar para dirigir con éxito su empresa o emprendimiento. La velocidad de los tiempos exige hacerle un lugar, permitiendo que tenga voz y voto y que rocíe con su magia las distintas encrucijadas de la vida empresarial.
En la actualidad, así como se empuja a los ejecutivos a que asuman riesgos y sean creativos, también se les debe estar dando permisos para que tengan en cuenta su intuición. Pero sus decisiones deben estar siempre avaladas por los números, los datos de la realidad, el compromiso asumido, la responsabilidad y el esfuerzo sin lo cual no hay éxito.
Recordemos que en el único lugar que el éxito está primero que el trabajo es en el diccionario.
Hasta la proxima !