Las
normas que rigen el mundo laboral han cambiado.
Actualmente no sólo se nos juzga por nuestra
formación y experiencia, sino también
por el modo en que nos relacionamos, con nosotros
mismos y con los demás. Esto determina
quién es contratado y quién no,
quién será despedido y quién
conservará su trabajo, o quién será
relegado en su puesto durante años y quién
será ascendido.
De
hecho, estas normas tienen muy poco que ver con
lo que nuestra "formación académica"
nos dijo que era importante. Esta perspectiva
da "por sentado" que poseemos las destrezas
técnicas para realizar nuestro trabajo
y se centra, en cambio, en cualidades personales
como la iniciativa, la empatía, la adaptabilidad,
o la capacidad de persuasión.
Si
trabajas en una empresa, es muy probable que estés
siendo evaluado en función de estas cualidades.
Si solicitas un trabajo, es casi seguro que te
observarán bajo esta lente. Si eres directivo,
tendrás que determinar si tu empresa promueve
-o desalienta- las competencias emocionales. Si
eres autónomo, el conocimiento de estas
competencias resultará esencial para tu
éxito profesional... aunque en la Universidad,
tanto a los profesionales como a los alumnos nos
hayan dado otro paradigma.
Qué
es la Empatía? Muchas veces lo hemos planteado
y analizado en nuestros encuentros anuales, o
en mis visitas a V/ Empresas, pero es bueno recordarlo
nuevamente.
Empatía
es la capacidad de darse cuenta de lo que sienten
los demás (sin que nos lo digan). Esto
exige el concurso de competencias emocionales,
como la conciencia de uno mismo y el autocontrol.
Sin la capacidad de darnos cuenta de nuestros
propios sentimientos -o impedir que se desborden-
jamás podremos llegar a "establecer
contacto" con el estado de ánimo de
otras personas.
Cuando
hablamos de autocontrol emocional, de ningún
modo nos referimos a la negación -o represión-
de nuestros verdaderos sentimientos (el enfado,
el enojo o la ira puede constituir una intensa
fuente de motivación, sobre todo cuando
se trata de reparar una injusticia o un abuso).
El autocontrol tampoco es "exceso de control",
es decir, la extinción de todo sentimiento
espontáneo. Por el contrario, significa
que tenemos la posibilidad de elegir cómo
expresar nuestros sentimientos.
Ser
capaz de captar las "señales"
emocionales, resulta indispensable en aquellas
situaciones en que las personas tienen motivos
para ocultar sus sentimientos, como ocurre cada
día en el mundo de los negocios.
Por
ejemplo, la nerviosa inquietud de un negociador,
desmiente su expresión de desinterés;
o la estudiada indiferencia de un cliente que
observa los precios en una negocio que le interesa,
se contradice con el entusiasmo con que se aproxima
a la adquisición del bien o servicio que
más le gusta...
Es
fundamental saber manejar nuestras emociones,
para interpretar también a quienes nos
rodean. Debemos tener un radar social puesto
apunto siempre, para sentir y querer al "otro",
aunque no nos guste ese "prójimo,
ese próximo" en nuestros lugares de
trabajo.
_ ¿Quién
le enseñó todo esto, Doctor?
La respuesta fue instantánea: _El sufrimiento
(Albert Camus, La Peste)