Conoces
tu estilo de trabajo ?
Cuando
una persona vive para trabajar, en lugar de trabajar
para vivir, decimos que es "adicta al trabajo".
Un adicto al trabajo experimenta la compulsión
de trabajar más y más, se siente
culpable cuando se relaja -o atraviesa un momento
de ocio- y no puede dejar de pensar en el trabajo.
Evidentemente,
la "adicción al trabajo" perjudica
la calidad de vida de una persona y la de su entorno.
Sin embargo, no siempre podemos reconocerla a
tiempo... antes de que sea tarde.
¿Cómo
podemos reconocer esta adicción... o la
predisposición a sufrirla? ¿Cómo
podemos saber si alguien de nuestro círculo
-o incluso nosotros mismos- está en camino
de convertirse en un adicto al trabajo? Algunos
estilos de trabajo pueden indicarnos estar frente
-o próximos- a esta adicción. Los
siguientes, son estilos de trabajo muy peligrosos:
Bulímico-anoréxico:
una característica de quienes sufren desórdenes
alimentarios como la bulimia y la anorexia, es
que alternan entre períodos de "ayuno"
(en los que saltean comidas y pasan horas y hasta
días sin ingerir alimentos) y períodos
de "voracidad" (en los que se "atragantan"
de comida). Hay personas que hacen lo mismo en
su trabajo: atraviesan ciclos en los que postergan
todas las tareas, no inician ningún proyecto,
no cumplen con lo pedido y otros en los que se
quedan noches sin dormir para hacer una entrega,
atienden diversos proyectos simultáneamente
y trabajan hasta la extenuación para terminar
todo lo pendiente. Estas personas pasan de un
extremo a otro: trabajan incansablemente durante
un tiempo y luego se toman prolongados descansos
en los que no hacen absolutamente nada.
Socorrista:
algunas personas trabajan en permanente estado
de crisis y urgencia, "apagando incendios"
como suele decirse. Viven corriendo detrás
de plazos de entrega rigurosos e inminentes, sienten
que siempre se les hace tarde y que todo es cuestión
de "vida o muerte". Este estilo de trabajo
se caracteriza por la impulsividad, la agitación
y el dramatismo. Para un socorrista, es preciso
actuar inmediatamente, no hay tiempo para pensar,
para delegar, para informar a los demás,
para establecer prioridades, ni para planificar.
Hiperactivo:
asociemos este concepto con la conducta de los
niños. Ellos con hiperactividad o desórdenes
de atención, se comportan "erráticamente"
en la escuela y en sus hogares. Al igual que estos
niños, algunos adultos tienen un comportamiento
errático en sus trabajos: saltan de una
tarea a otra, no terminan nada, se dispersan con
facilidad, se aburren cuando un proyecto se extiende
por mucho tiempo, siempre están apurados
por pasar a otra cosa y les cuesta concentrarse
en un aspecto de su trabajo.
Entusiasta:
a quien tiene por hobby -por ejemplo- coleccionar
algo, pintar, hacer un deporte las horas le pasan
volando y se olvida de todo lo demás. Su
entusiasmo por la afición hace que le resulte
difícil dejarla para hacer otra cosa: siempre
encontrará algún detalle que agregar
-o corregir- y pasará horas contemplando
su creación y embelleciéndola. De
manera similar, el entusiasta por su trabajo pierde
la noción del tiempo mientras trabaja,
porque disfruta mucho hacerlo. Esta persona prolonga
indefinidamente una tarea y genera trabajo adicional
cuando siente que está por terminarla.
El placer que le proporciona trabajar, hace que
le resulte casi imposible delegar trabajo, o negarse
a hacer algo.
Perfeccionista:
la búsqueda de perfección lleva
a una persona a vivir en un estado de permanente
disconformidad y tensión. Nada es lo suficientemente
bueno: ni aquello que ella hace, ni aquello que
hacen los demás. Como consecuencia, el
perfeccionista pasa horas corrigiendo trabajo
y haciendo demandas de calidad excesivas para
él y para los demás. En la búsqueda
de perfección, cualquier mínimo
detalle justifica más dedicación.
Buen
samaritano: hay personas que se desvelan por
ayudar a los demás. Siempre están
pensando en cómo ser útiles y bondadosas.
Este comportamiento suele darse en diferentes
ámbitos, de los cuales no escapa el laboral.
El buen samaritano nunca delega su trabajo para
no cargar a otra persona; más bien, prefiere
que los demás transfieran tareas a él.
No sólo no puede decir "no" a
un pedido de colaboración, sino que constantemente
ofrece su ayuda. Prefiere responder prontamente
un e-mail o un llamado, o recibir a alguien que
solicita su atención, que terminar su propio
trabajo. Como consecuencia, siempre se ve obligado
a dedicar más horas para realizar sus tareas.
Por
diferentes razones, estos estilos de trabajo llevan
a una persona a trabajar más de la cuenta:
sea por no administrar equilibradamente sus tareas,
por vivir resolviendo crisis, por no concentrarse
lo necesario, por olvidarse del paso del tiempo
mientras trabaja, por nunca conformarse con un
resultado, o por hacer el trabajo de los demás
y no el suyo.
Estos
seis perfiles existen en todas las organizaciones
y normalmente no se los considera señal
de una adicción al trabajo, sino diferentes
formas de trabajar. Sin embargo, son síntomas
de una posible patología organizacional
y deberíamos estar muy atentos a su manifestación,
tanto en nuestro equipo de trabajo, como en nosotros
mismos.
La
adicción al trabajo constituye un grave
problema para quien la sufre, para su organización,
para su salud psíquica y física
y para su familia. Preguntémonos: "Cuántos
pre-infartos, infartos y cuantos divorcios tienen
este origen?..."
Como todo problema, cuanto antes se detecte...
más fácil será combatirlo!