La
juventud mental: actitud de excelencia
Hace
unos días en ocasión de efectuar
un proceso de Selección de Personal para
el área de Atención al Cliente en
una Empresa de Servicios, tuve la sorpresa de
entrevistar entre los 30 postulantes al cargo,
a un señor "de la tercera edad"
-diríamos hoy-, contradiciendo el aviso
de reclutamiento que limitaba entre las condiciones
para postular al cargo: "no mayor de 45 años".
Lo primero que expresó fue lo siguiente:
"Permítame
expresarle que la juventud no es un etapa biológica,
¡es una manera de enfrentarse a la vida!,
por eso estoy acá, con mis 59 años,
aunque el aviso impida mi acceso al trabajo por
mi edad"
Debo
confesarles que muy pocos de los jóvenes
(menores de 45 años) que entrevisté
demostró poseer tanto entusiasmo por trabajar
no como necesidad económica, sino por lograr
un verdadero compromiso con la organización
ofreciéndole cuerpo y mente, pero además
alma y corazón. O sea una entrega integral
como persona.
Esta
experiencia desde lo profesional deseo compartirla
con Uds. y da lugar a que pensemos juntos acerca
de la edad cronológica y la edad mental.
La
gran verdad radica en que la juventud no es una
época de la vida, sino un estado mental.
Se es joven cuando se tiene interés en
muchos aspectos que nos ofrece la vida, la vejez
mental comienza cuando una persona ya no se interesa
ni se entusiasma por aquello que la rodea.
No
consiste en tener mejillas sonrosadas, labios
rojos y piernas ágiles. Es cuestión
de voluntad; implica una cualidad de la imaginación;
un vigor de las emociones; es la frescura de las
profundas fuentes de la vida.
En
todas las sociedades y épocas se ha hablado
de jóvenes y viejos como si la juventud
y la senectud fueran un fenómeno meramente
biológico, ¡y esto es absurdo!
No
negamos que los seres vivos experimentamos un
proceso evolutivo que va del nacimiento, pasa
por el desarrollo, la plenitud y el envejecimiento,
hasta la muerte.
Ser
joven es tener temple en la voluntad, calidad
y altura en la imaginación, vigor en las
emociones.
¿De
qué sirve ser un joven biológicamente
si el comportamiento es el de un cadáver
ambulante, de un "producto terminado"?
Hasta
donde sabemos, esos tres Pablos a quienes canta
Alberto Cortes (Picasso, Casals y Neruda) amaban
la vida y se metían profundamente en sus
diversos proyectos no obstante su avanzada edad.
Churchill,
Russell, Chaplin, Freud brillaron con enorme intensidad
una vez que ingresaron a la llamada "tercera
edad".
En
esta etapa crucial para nuestro país, en
esta década de retos, donde Argentina decide
su destino, necesitamos una gran cantidad de jóvenes,
de jóvenes mentales capaces de "perseguir
una estrella" poniendo en esa empresa alma,
vida y corazón, de jóvenes con una
mentalidad permanentemente abierta al cambio.
Sigamos interesados por la vida, enamorados de
este mundo y apasionados por un ideal.
Uno
mismo determina ponerle vida a los años
o simplemente dejar que los años se acumulen
en nuestra vida. Existen muchos jóvenes
que experimentan un desinterés crónico,
una apatía enfermiza, una actitud ante
la vida pavorosamente senil y, así, a los
treinta años ingresan en el asilo de ancianos
neuronales.
Conozco
a mucha gente que se "murió"
a los 20 años y tiene que esperar hasta
los 72 para que la sepulten.
No
es el objeto de esta reflexión analizar
las causas de la "juventud senil", sino
simplemente destacar la importancia de la actitud
jovial.
Juventud
es el predominio temperamental del arrojo sobre
la pusilanimidad de los apetitos; del ímpetu
aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta
actitud a menudo se encuentra más en un
hombre de 60 años que en un muchacho de
20. Nadie envejece meramente por el número
de años que ha cumplido. Envejecemos cuando
desertamos de nuestros ideales.
Los
años pueden arrugar la piel; pero cuando
se renuncia al entusiasmo le salen arrugas al
alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de
confianza en uno mismo, encogen el corazón
y aniquilan el espíritu. Lo mismo a los
60 años que a los 16, en todo corazón
humano palpitan el ansia por lo maravilloso, el
constante apetito -como de niño- por lo
que ha de venir y la alegría inherente
al juego de la vida.
En el centro del corazón -del de cada uno
de Uds. y del mío- existe una estación
de radio. Mientras recibamos mensajes de belleza,
esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto
de los hombres como del Infinito, seguiremos siendo
jóvenes.
Cuando
caigan nuestras antenas, cuando el hielo del cinismo
y del pesimismo cubra nuestro espíritu,
entonces sí habremos envejecido, aunque
sólo tengamos 20 años. Pero mientras
las antenas sigan en alto, dispuestas a captar
las ondas del optimismo, hay esperanzas de que
muramos jóvenes, aun cuando seamos octogenarios.
A
todos los "jóvenes de cinco, seis
y siete décadas", asiduos lectores
del Portal www.cementerioparque.com, recuerden
siempre que:
La
Juventud es algo más que una etapa de la
vida. Es una actitud mental frente a ella. Ser
joven es tener temple en la voluntad, calidad
y altura en la imaginación, vigor en las
emociones.
Hasta
la próxima.